Amaneció soleado, pero más temprano que de costumbre.

 Amaneció soleado, pero más temprano que de costumbre.

Sonó el teléfono una hora antes de lo previsto. “Le llamamos del servicio técnico de Daikin, tenemos una llamada perdida de este número, ¿nos acaba de llamar?” “No, llamé el viernes porque el mando no va como debería ir, para ya quedemos en que ustedes nos llamarían para pasar a recoger el nuevo” “Ah… sí. Bueno, pues nada, ya les llamaremos. Adiós.”

Los mandos de los aparatos de aire acondicionado tienen una pantallita, al estilo de las calculadoras Casio, pero más anchas. El día que todos los menús están encendidos es el día que ya no tiene arreglo.

 

Han llamado una hora antes de lo que tenía previsto levantarme. Hoy tocaba un recorrido turístico en autobús, o como decimos en Badalona, en tusa: hoy tocaba coger la B16, lo que significa que atravesaría a la velocidad media de un autobús cuatro ciudades, que fácilmente se pueden convertir en cinco si se tiene en cuenta que no se pasa precisamente por barrios poco habitados o sin ningún tipo de idiosincrasia.Podríamos haber cogido el metro, pero los transbordos a efectuar quitan las ganas y aunque no nos guste ir en tusa (trae malos recuerdos), hay que reconocer que el viaje de ida ha ido bastante rápido.

¿Os han hecho alguna vez una prueba de esfuerzo físico? De momento, de quienes me leen, nadie creo que llega a la treintena y, por ese motivo, a no ser que sea necesario o por control, no creo que la hayáis hecho. Recuerdo que cuando hacía Educación Física en el colegio había una prueba de correr, con pitidos, y de ir de un lado a otro. Si pensáis que es eso, os equivocáis. Una prueba de esfuerzo es, después de que os hayan enganchado distintos cables, como si de un electrograma se tratase, y colocaros el manguito que toma la tensión, empezar a andar y después correr en una cinta de gimnasio. ¿Cansa? Claro, de eso se trata. Pero hay doctores que tienen un humor especial. Doctores como el de hoy: delante de la cinta había colgada de la pared la foto de una playa caribeña, con su arena fina y sus palmeras casi a ras de suelo. Hacía como unos quince años que no hacía esa prueba. Lo peor es cuando se acaba, que paran casi de golpe: piernas no acostumbradas a paso normal, te preguntan si te mareas y tú dices que no, pero como vas andando de forma extraña, te lo vuelvan a preguntar.

Vuelta a casa, pero como esta vez hay que coger la tusa en la parada inicial, el chófer, hasta que no ve que es la hora, nos tiene allí, de pie (o sentados en la repisa del escaparate de una farmacia ya que, gracias a al considerable desnivel de la calle, tiene la altura ideal para servir de banco).

Llegamos, comemos, enciendo el ordenador y veo las expectativas que está creando este humilde blog. ¡Gracias!

PS El capitán Aubrey ha tenido que dejar, muy a su pesar, al doctor Mathutrin en tierra porque un capitán de fragata, de mayor veteranía, le ha mandado unirse a él y a otra fragata en la persecución a un barco americano que pretende llegar a Estados Unidos desde Marsella, pasando por Barcelona.

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