José de Sousa Saramago

El hombre que cuestionaba al mundo occidental se ha ido.

Necesitaba empezar este post con una frase ingeniosa, atractiva y que no faltase a la verdad. Pero me ha salido una oración grandilocuente, justo ese tipo de frases que este hombre no escribía. No me refiero con esto que su escritura era sencilla, llana o sin ritmo. Nada más lejos. Aunque en sus últimas obras el humor había ocupado cada vez más un poco más de sitio, la reflexión y el pensamiento se hallaban casi en cada página. Páginas que con un solo vistazo, con la lectura de una sola de sus líneas, identificabas inmediatamente con la voz de su autor. Incluso la primera partes de sus memorias tienen esa musicalidad tan característica y, precisamente esa particularidad en este texto tan personal no es simple estilo: el resto de su prolífica obra fue igual de personal.

Vuelvo a la frase inicial del post. ¿Qué es lo que se preguntó?: ¿Y si Jesús tenía hermanos?, ¿Qué pasó con José? ¿Y si la península Ibérica se desprendiera del continente europeo? ¿Y si nos enamorásemos de alguien que no conocemos? ¿Y si nos quedásemos ciegos, así, sin más? ¿Y si fuéramos la única persona que no se queda ciega? ¿Y si alguien cambiase algún signo ortográfico en alguna obra de referencia? ¿Y sí todo el electorado votase en blanco? ¿Y si no muriera nadie? ¿y si a un rey portugués se le ocurre regalar un elefante? ¿Y si…?

Le vi dos veces: la primera, la diada de Sant Jordi de 2005. Estaba sentado junto a otro escritor que, aunque injustamente aún no ha recibido los grandes premios que merece, sé (y muchos otros también lo saben) que se los merece. Me refiero a José Luis Sampedro. Bien, pues ese día, lleve mi ejemplar de Ensayo sobre la ceguera (aún no me ha impactado ningún libro como ése, y no era el primero suyo que leía, pero es casi incomparable a cualquier otro, esta es mi opinión) y me lo firmó y nos dimos la mano. Aunque para él fuera un simple trámite, y no se le notase con su perenne sonrisa en aquel momento, para mi fue un momento especial.

La segunda lo vi casi por casualidad. Era el año siguiente, y fue en la universidad. Estaba en un aula de informática. Por lo general, los alumnos de las universidades no solemos ir a la página principal de la facultad porque ya conocemos los atajos virtuales de nuestra facultad. Pero en las aulas de informática es diferente: la página principal del explorador es, lógicamente, la principal de la universidad. Y allí estaba la noticia: vendría acompañado por su esposa y traductora a entregar un premio a un traductor y vendría… ¡ese mismo día, una hora después! A la facultad de traducción e interpretación que me fui. Fue en una clase. Estaba abarrotada. Me quede en  el quicio de una de las dos puertas. Llegaron por el pasillo, pasaron por mi lado, y se dirigieron a la mesa. Después de aplausos, empezó ella, luego él y la entrega del premio. Lo siento, no recuerdo al premiado. El vicerector sacó de su maletín una de sus novelas y le pidió (“una cosa que no faig sovint amb els invitats a la universitat, però no m’en puc estar de fer-ho en aquesta ocasió”) que se lo firmara allí mismo.

Yo hubiera hecho lo mismo.

 

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Adiós y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a José de Sousa Saramago

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s