“El Factor Humano” – John Carlin

Alguien podría pensar que decir que un partido de rugby fue determinante para acallar el apartheid sudafricano es demasiado superficial y, por parte de quien lo diga, que es poco consciente de que, como en cualquier país, todo asunto es más complejo que la solucionar cada problema en dos bandos que darán un resultado, invariablemente, de suma cero.

John Carlin demuestra que sabe que el mundo no es así. Y lo deja muy claro en la introducción, que a la vez le sirve para explicarnos cómo le expuso esto mismo al protagonista indiscutible del libro, Nelson Mandela: el rugby fue la gota que colmó el vaso en todo el delicado proceso de pacificación y normalización democrática pero, a la vez, sirve para mostrar, de forma clara, la composición social de un país que necesitaba grandes cambios, no sólo en el plano interior, si no que también éstos mismos facilitaban el cambio de actitud y reconocimiento en el exterior.

El libro es de historia, es de política, no es de deporte, pero, fundamentalmente, el libro trata sobre las pasiones humans. Y ómo éstas son determinantes para la política: es muy probable que pocos de los que lo hayan leído tuvieran claro la composición social y polítca del país, pero Carlin nos lo expone de tal manera (y con recursos estilísticos y literarios que recuerdan al Anatomía de un instante de Cercas, aunque los dos escribiesen sendas obras simultáneamente) que nada resulta complejo de entender salvo, claro está, que el apartheid tuviera éxito.

ya lo sabemos por la portada, ya lo sabemos porque es historia, pero no importa: el clímax final emociona, pone la piel de gallina, y no sólo lo consigue el partido en cuestión, quien consigue estas sensaciones es el presidente Mandela. Él es la bandera actual multicolor de Sudáfrica; él es el espejo en el que deberían verse todos los actores políticos del planeta. Pero, por otro lado, también dejo esta reflexión: sí, emociona, pero porque consigue salir de una gran crisis indeseable y casi inconcebible para alguiien que, como yo, ni la he sufrido ni, si hubiera vivido en aquellos días, hubiera sido un poco como Pienaar, que posiblemente si no hubiera viajado, no hubiera dado cuenta de nada. Así que, si nuestra clase política actual no nos emociona, ¿es por qué vivimos en un tedio benigno, o  en un estado de gran crisis de la que no nos damos cuenta ( y no solamente económica) y va más allá de los infinitos análisis de “pérdida de valores”, o, peor aún, “necesitamos” una crisis realmente visible (violenta), en primera fila, para que, al solucionarla podamos volver a emocionanrnos con la Política?

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