“La leyenda del indomable” (“Cool Hand Luke”) – Stuart Rosenberg (1967)

Hay películas que, con el título, ya sabes de qué tratan: La Pasión de Cristo, Los diez mandamientos, La historia más grande jamás contada, El evangelio según san Mateo… todas ellas se basan, como ya sabéis, en los textos sagrados (por esa razón, en los Oscar nunca están nominadas a mejor guión adaptado, porque se tiene que adaptar de una obra de ficción y, claro, ya véis el jardín en el que se meterían los académicos ¿no?).

Pero hay otras que hasta que no las ves no te das cuenta de que tratan de lo mismo que las anteriores. Con algunas te das cuenta por donde irá la trama nada más empezar la película, como el caso de Cuando el viento silba, pero lo más normal es que no te des cuenta hasta que no meditas lo que acabas de ver. Ahí está E.T. El extraterrestre: llega de los cielos, trae un mensaje que, por lo menos, no es de guerra y que ha de comunicarlo a otros, muere, resucita y asciende de nuevo a los cielos. Incluso su corazón brilla y parece un Sagrado Corazón característico de algunas representaciones marianas. Lo más raro es que Spielberg es judío, pero, ¿quién no tienen contradicciones? Hijos de los hombres trata sobre el mismo tema: un nacimiento inesperado, en un mundo belicoso, que cambiará el curso de la historia.

Y, ahora, la película que toca: La leyenda del indomable. Empieza con un Paul Newman rompiendo las máquinas para pagar el aparcamiento (esas típicas estadounidenses que, por cada rectángulo en el asfalto, hay una). Se pelea en la cárcel con otro que es el doble que él en tamaño y en fuerza; se come 50 huevos; trabaja duro durante el castigo, aunque se canse, pero consigue descanso; y se fuga unas cuantas veces… todo eso es milagroso: los compañeros de celda son sus apóstoles, todo lo que él haga, por descabellado que sea, debe tener algún propósito, así que están con él. Incluso el de la pelea se puede identificar con san Pedro: primero parece que es su enemigo, pero luego se convierte en su amigo más fiel (magnífica actuación de George Kennedy).

Por si todo esto no os convence, si pensáis que son divagaciones sin ton ni son, y que La leyenda del indomable sólo es una película carcelaria más, pues vale. Pero antes mirad la escena más famosa de la película, la de la apuesta de 50 huevos. Disfrutad de la sonrisa de Paul Newman (el gran actor, el mejor actor, inimitable, inigualable) y fijaos muy atentamente con el final cuando él está sobre la mesa… y sí, ese jovencito que no habla es Dennis Hopper y el otro (que ese sí que habla durante la peícula) es Harry Dean Stanton.

– ¿Por qué dijiste 50? Podrías haber dicho 35…o 39…

-Me pareció un número redondo.

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